Cuidado con el sobrediagnóstico de déficit atencional

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Tras ser tramitada exitosamente la semana pasada en el Congreso, la Ley Ritalín está a un paso de ser promulgada, beneficiando a los niños que por años han sido obligados a tomar remedios para ser aceptados en algunos colegios.

Esta nueva ley modifica las leyes General de Educación y sobre Subvención del Estado a establecimientos educacionales, prohibiendo que se condicione la matrícula al consumo de medicamentos para tratar trastornos de conducta como hiperactividad o déficit atencional.

En el texto, se señala que “los establecimientos propiciarán iniciativas de apoyo biopsicosociales y de atención diferenciada, tanto en las actividades curriculares como extracurriculares, facilitando ambientes de aprendizaje que permitan atender las necesidades educativas especiales y, de este modo, promover el desarrollo de habilidades emocionales y sociales”.

Además, agrega que se debe buscar cómo entregar más habilidades a los niños con déficit atencional o hiperactividad “por medio de prácticas deportivas o contemplativas, tales como meditación, yoga, mindfulness, taichi, danza o expresiones artísticas, destinadas tanto al favorecimiento del rendimiento académico, como al bienestar e integración de los y las estudiantes, en consideración a las diversas capacidades que posean y a la etapa del aprendizaje en que se encuentren”.

Para la psicóloga de la Universidad de Playa Ancha y  Doctora en Educación,  Claudia Carrasco Aguilar, estamos frente a un nuevo sujeto de aprendizaje que tiene características y motivaciones diferentes, cuyo ritmo requiere otro tipo de enseñanza. Por lo tanto, si este niño, nativo digital, se enfrenta al mismo sistema de enseñanza aplicado a otras generaciones, es lógico que tenga problemas de atención y concentración.

“Muchos niños presentan una estructura cognitiva y desafíos y habilidades culturales que son muy diferentes del estilo de actuar de las personas adultas. La política de Convivencia Escolar dice que son nativos digitales. Esta diversidad y rapidez con que funciona el mundo actual, hace que sea muy difícil para los niños quedarse en una sola tarea, por mucho tiempo, concentrados”, explica la psicóloga.

Carrasco manifiesta que el diagnóstico tiene una base sintomatológica, no neurológica. La familia y el profesor completan una pauta, y luego el neurólogo hace una observación del niño en su consulta. Posteriormente, triangula esta información y determina que se trata de déficit atencional.

Al confirmar el diagnóstico, se desarrollan una serie de estrategias para lograr la adaptatibilidad, y si no hay resultados, recién se recurre a medicamentos como el Ritalín, lo que a juicio de la psicóloga afectaría solo a un grupo reducido de niños.

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“Ese porcentaje es muchísimo menor al sobrediagnóstico que tenemos hoy día. Investigaciones como la del Observatorio de Políticas Educativas de la Universidad de Chile, han levantado este sobrediagnóstico, a través de estadísticas. Tenemos el orden del 150 por ciento extra y, por lo tanto, le estamos llamando déficit atencional a cosas que no lo son”, asegura la especialista.

Carrasco también advierte que este sobrediagnóstico está asociado a prácticas de discriminación en los colegios, puntualmente sobre niños que tienen necesidades educativas especiales, cuestión que a su juicio se acerca peligrosamente a la vulneración de sus derechos.

“Si se juntan ambas cosas: que es fuente de discriminación en la escuela y que hay un sobrediagnóstico, que es desproporcionado y que no tiene que ver con la realidad, la verdad es que estamos casi frente a una vulneración de derechos institucional. Por eso, este proyecto de limitar o prohibir que las escuelas puedan exigir el uso de un medicamento, es muy pertinente. La escuela no es un centro de salud y tendrán que ser los profesionales de la salud los que se encarguen de ello”, concluye la psicóloga.

¿qué andan diciendo?